La leonera de mi amigo Javier


Cuando ha pasado la época de las lluvias, aunque aquí nada hay definitivo y anoche sin ir más lejos, habiendo visto el atardecer con el cielo completamente despejado, me cayó un aguacero que acabe calado hasta los huesos, al atardecer me voy a los bancos situados junto a la playa (Imagen del escrito anterior) y observando la puesta de sol en la bahía, probablemente pase uno de los mejores momentos del día.
Ya entrada la noche, un grito de “loco” me saca de mi ensimismamiento, y aparece mi amigo Javier con una bolsa grande de basura acuestas, dentro de la cual lleva los abalorios que vende en el complejo turístico, y lo de la bolsa de basura tiene su explicación: Tiene que atravesar el caudaloso río cercano, justo en su desembocadura y aun en el mejor de los casos, que este la marea baja, se tiene que meter hasta la cintura en el agua y en caso de marea alta incluso nadar. Se sienta conmigo y soy yo el que le pregunta cómo ha ido el negocio a pesar que ya me tiene dicho que en los veinte años que se dedica al mismo, nunca ha estado peor, razón por la que piensa construirse un habitáculo en la parte posterior de su vivienda para alquilar su casa y sacar dinero para mandar a su hijo desplazado en Guatemala por una enfermedad.
Ya había estado en el interior de su casa, el día que me enseño las fotos de su familia, y hay desordenes ordenados, pero en este caso, es lo más parecido a la cueva de Ali Baba y los cuarenta ladrones. Con estas lluvias y temperaturas por aquí crece cualquier vegetal a un ritmo endiablado, así que, en el supuesto jardín, las malas hierbas campaban por sus respetos ocultando algo que se pareciera a una flor. Con estas mimbres le razone que quien narices iba a alquilar algo que se parecía más a una caverna que a una casa, razón por la que debía en primer lugar a desbrozar la entrada. Esto fue dicho por hoy y a la mañana siguiente cuando pase por su puerta, vi que había realizado la citada faena.
En la siguiente noche en los bancos, lo felicito y le digo que para redondear la jugada, debía de sembrar flores, cosa que lo anima y ya me empieza a decirme que entre las flores, él tenía pensado echar una grava blanca separada de la tierra por unos plásticos para que cuando lloviera no se mezclara con la lluvia. Pensé que fantaseaba, pero cuál no sería mi sorpresa al día siguiente, cuando vi realizado todo lo que a mí me parecían fantasías suyas.
Tercera noche: Jamás lo había visto tan contento, no solo presumía de la obra de arte que había hecho, sino lo que lo tenía más contento es que medio pueblo se había pasado por su casa a verlo. ¡Javier estaba siendo la envidia del pueblo! Puedo asegurar que en los días siguientes la mayoría de sus vecinos habían arreglado el suyo ¡Como iba a ser Javier más que ellos!
Me sentía contento. Javier no es el loco que la gente piensa, solo hace falta darle un empujoncito en su autoestima para que sea tan cuerdo como el que mas.
Podía ser el final para un cuento feliz, pero llega el sábado y el domingo, y ambos días Javier me aparece bebido. No era el Javier de los días anteriores. Lo recrimino.
Anoche se que no venia bebido, pero evitó verse conmigo cambiando su ruta normal. Lo mas seguro es que se encuentre avergonzado. Habíamos llegado a un pacto no escrito de que no tocaría ningún tipo de droga.
Confío en Javier.

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