La felicidad buscada y tan difícil de encontrar


Anoche llegaron a mis manos (me regalaron) dos libros. Que conste que no como consecuencia del día de los enamorados (¡vaya mierdas se inventan los comerciantes para echar sus productos fuera!). Uno de ellos es de Eduardo Punset, el viaje a la felicidad o algo por el estilo. Mi numen, me advirtió rápidamente de que era ese en el que daba una fórmula para ser feliz. En su día se habló mucho de la dichosa receta, e incluso me cabreé bastante porque pensé que mi admirado Punset, se había sumado a esa ola de libros de auto ayuda que al parecer tienen muy buena venta: Como hacerse rico en diez días, Como encontrar la pareja perfecta y demás imbecilidades que la gente, precisamente sumida en el caos por el que nos lleva nuestro sistema de vida, se aferran a ellos como tabla de salvación. Ya que está en mis manos, lo leeré (si al pasar de la tercera página veo que no son sandeces lo abandonaré). Espero no me desilusione, porque difícilmente volveré a él.
Se bastante de su antónimo, la infelicidad, y algo de la felicidad, quizás por mis ganas de acercarme a ella.
La infelicidad, puedo asegurar es una enfermedad física, al menos la que yo he padecido. Son muchos los años que he estado sumido en una severa depresión y pudo asegurar que depresión e infelicidad van íntimamente unidas y es tan mortificante que más de una persona que la ha padecido, no ha podido soportarla y ha decidido poner fin a ella mediante el suicidio. Aunque estuve muy cerca de llegar a este extremo, lo superé y acabé tan dolorido, que mi primera meta, después de superar semejante calvario, fue dedicarme a su búsqueda.
Tenía claro que en el mundo que me rodeaba, sería muy difícil, no ya obtenerla, sino ni siquiera acercarme, por lo que decidí alejarme de él. Me encontré en un país extraño para mí, en el que no conocía a nadie, sus costumbres, e incluso llegué a pensar que estaba metiéndome en un pozo que pudiera ser incluso contraproducente. Me equivoqué. Empecé a descubrir estados de bienestar que no recordaba el tiempo que no los había experimentado, pero al contrario que en mis momentos de infelicidad los experimentaba con sensaciones internas, este estado lo vivía con signos externos. Lo primero que me hizo gozar, fue ver la gama de verdes de los bosque que me rodeaban (estaba en un país tropical) Posiblemente en España también existan, pero estas tan imbuido en el sistema (trabajo, circulación, noticias, hacer la declaración de la renta, buscar trabajo) que tu consciente le impiden al sub que lo veas.
Fueron muchas las cosas que fui observando que me fueron transportando a digamos la felicidad. No solo fue la vista la que me alegro la vida, sino el resto de los sentidos, los cuales los había tenido en standby. Algo así como que ahora estaba mirando que no viendo y escuchando que no oyendo.
Con facilidad dejaba la mente en blanco, cosa que no había conseguido hacia bastante tiempo.
Pronto me di cuenta que la piedra filosofal no existe. Podía estar extasiado contemplando un atardecer, cuando me aparecía mi amigo Javier, lo normal, bien tomado, y me sacaba de mi ensimismamiento. El sacarme bruscamente de mi llamémosle felicidad para escuchar las tonterías que le hacían decir el guaro, me cabreaba y bastante.
La felicidad, no existe; no depende de ti. Como decía José Ortega y Gasset, soy yo y mi circunstancia, pero también tengo meridianamente claro que esas circunstancias hay que buscarlas, o dicho de otra forma, la infelicidad al menos en mi caso dependieron totalmente de causas endógenas y no con esto digo que causas ajenas también te lleven a ella, pero para obtener la felicidad, tienes que recurrir a causas exógenas (nadie busca la infelicidad).
Me vine de aquél país, intentando solucionar cosas, que eran palos en las ruedas para conseguirla, pero vienen las circunstancias, y lo que yo pensaba iba a durar unos meses, ya va para un año y lo malo es que por mucho que escucho y miro, no digo de acariciar, ni los placeres que se le pueden sacar a los otros sentidos, se me están complicando las cosas, y vuelvo a repetir que cualquier mañana me levanto, cojo el avión y me vuelvo donde más cerca estuve de conseguir lo que aquí cada día me parece mas difícil.
Por más que miro a mí alrededor, no veo nada que active mis sentidos. ¿O me estaré encerrando en mi mismo par no verlas?
Entre tecla y tecla pensaba en algo que hubiera redactado en mi anterior blog que describiera aquel estado de bienestar, y no sé si es la anterior entrada, que he recuperado, la que mejor lo describe, pero la diferencia con lo que ahora escribo es palpable.

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