Regreso a mi ascetismo (involuntario)


Estoy inmerso en una nube, pero me doy cuenta que para mi desdicha he vuelto a mi ascetismo.
Ya sí que sí. Ya si me encuentro solo. Mi hija aprovechando el festivo de esta semana que ha pasado, ha vuelto a estar estos últimos cuatro días conmigo, pero esta mañana cuando me he levantado, he escuchado el silencio.
Mi hijo se ha quedado a vivir conmigo y lo veré más, pero es uno de los que engrosan las filas del paro, y la verdad sea dicha se agarra a ese mercado de los chapuces y unas veces haciéndolos y otras buscándolos, lo veré solo por las noches, y aunque estuviera aquí todo el día es poco hablador motivo por el que tampoco será de gran ayuda (emocionalmente, me refiero).
Pienso que ya no tengo escusa, para salir del túnel. Me preparo el desayuno, y tomándolo vuelve María (si es que alguna vez se ha ido). Para ella el desayuno era un rito.
Durante este tiempo he tenido llamadas y he recibido correos que no he contestado y me decido a ir cerrando puertas. He contestado y he hablado con alguien.
La soledad, dicen puede ser la puerta de la depresión, pero para mí fue de gran ayuda cosa que ahora veo como todo lo contrario. Me va a ser muy difícil vivir sin ella. Nos habíamos adaptado tanto el uno al otro que no me imagino un mundo en soledad.
En su día me trajo un sobre en el que había fotografías y otros documentos y me he decidido abrirlo y ver todo. No ha sido un trago fácil, pero me alegro de haberlo hecho. Otra puerta cerrada.


A la piscina a despejar ideas y cuando me siento junto a la misma, me sigue faltando ella. En este asiento estábamos hasta que oscurecía y observábamos cosas tontas como los gorriones tomando agua en el bebedero de los perros, y la pareja de tórtolas que todas las tardes se posaba en la antena de la televisión. Yo criticaba su llamémosle canto, y ella las defendía, diciendo que era agradable.
He aludido varias cosas curiosas que me están pasando últimamente y lo de las tórtolas, es otra de ellas. Como he mencionado venían en pareja, pues bien, ahora viene una sola y estoy convencido que es el macho.
Cuando me fui a Costa Rica, in mente, tenía la idea de que empezaba una nueva vida, a la cual le puse hasta edad, dieciocho años. Cuando allí llego ella se lo conté, decidimos que empezáramos una nueva en común con dieciocho ella y veinte yo. Me veo hecho un desecho y cansado para emprender otra, y sin embargo se que para bien o para mal la tendré que comenzar. Me daré un tiempo muerto hasta que me vuelvan a operar de la vejiga y si no me cambian las ideas volveré a aquel país aunque no sé si será el que fui tan feliz.
Siempre tuvo la maleta preparada para irnos.

Ayer se encargó Sole de recordarme que hacía un mes que nos había dejado. ¡Como si el tiempo y los sentimientos fueran compatibles!

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… y la vida sigue. Vuelta al hospital


Desde que murió María hasta ahora, cuando pensaba en mí, lo que menos deseaba, era que me partiera un rayo, pero por mucho que uno quiera lo contrario, el sol se pone todas las tardes por mucho que la vida te haya jodido.
Aunque hace bastante tiempo que me dije de no hacer proyectos de futuro, curiosamente ahora los hago: ¿Volveré a Costa Rica? No me imagino allí sin ella, pero por otra parte estoy convencido que es lo que ella hubiera querido, pero para irme a aquel país tengo que dejar cosas en orden, y la más importante es mi tercera operación de vejiga. He meditado últimamente muchas veces sobre ella y mi más inmediato pensamiento ha sido: ¡Que le den por el culo!.. Que se opere Rita Curiosamente esta mañana después de desayunar, le digo a mi hijo de llegarnos al hospital (no me veo en condiciones de conducir), porque el día que me dieron cita para las pruebas que exige el anestesista, en una de ellas, se descolgó el ordenador del sistema y no me la pudieron dar.
Le tenía miedo volver a semejante sitio, pero paso por urgencias, me meto por los pasillos, que tanto recorrí, como la cosa más normal del mundo y después de solucionar lo mío, cuando salíamos, me cruzo con el médico que la vio en urgencias (¿tenía que cruzarme con él?). Iba a decirle algo, pero me contuve. ¿Para qué? ¿Para qué prolongar la agonía?
La vida es cruel. Paso por un almacén del hospital, en el que curiosamente solo hay un cartel que dice carga y descarga, por el que había pasado cientos de veces y hoy frente a él hay un coche mortuorio con un ataúd dentro. Fue donde se cumplieron los trámites legales y la reconocí. Tenía que haber llorado y no lo he hecho. Mi razonamiento estúpido ha sido: Son más los que mueren.
Hemos aprovechado para solucionar otros problemas y cuando he vuelto me he dado un baño en la piscina.
Mi hija ya se ha ido (empiezan los colegios), mi hijo se queda conmigo, el verano se va acabando a pesar de este extraño Septiembre que lo prolonga, y no me imagino el invierno aquí, encerrado, sin ella, pero lo dicho, la vida sigue y espero venga la calma.

Anoche me llamó Élia. Me costó mucho convencerla de que era verdad que nos ha dejado.

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