Curiosidades sobre las hormigas zompopas


Hoy me tocaba ir a Paquera por varios motivos. Mientras alguien compraba cosas, y en este país, los fumadores ya somos tan apestados como en cualquier otro que se tenga por civilizado, crucé la carretera buscando la sombra y me senté en un tocón a envenenarme. Poco tenía que ver allí, pero al mirar hacia el suelo, por el mismo borde de una especie de acequia de recogida de aguas pluviales, veo un reguero de hormigas. Las que iban hacia la derecha, todas descargadas; las que iban hacia la izquierda con sus buenas cargas de trozos de hojas. Este tipo de hormigas por aquí son muy conocidas. Se llaman zompopas.
Lo que me ha llamado en especial la atención es que cada cuatro o cinco iba una sin carga de ninguna clase. He y puede que fueran soldados.
También he leído este que al que le gusten estos temas les puede interesar.


Esta segunda imagen no es mía.

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Del cansancio extremo a cantar al atardecer


La verdad es que el dejar de escribir mi diario de toda la vida (aquellos de papel y que por su culpa se está generando la deforestación del planeta) me está creando una cierta obligación con este otro, el digital. El primero raras veces lo consultaba para acordarme de algo, pero no sé si el alzheimer, o que estoy en plan demasiado pasota, que a preguntas como ¿cuánto hace que volviste a Costa Rica?, no tengo ni puñetera idea y cuando vuelvo por aquí me entra la curiosidad y lo consulto. ¿Cuál sería la obligación? Que ahora considero que todo lo que sea reseñable debo escribirlo. Pero y ¿qué es reseñable? ¡Y yo que sé..!
Y ya puestos el por qué no reseño el cómo va mi cansancio extremo. Bien, volví de Puntarenas y al día siguiente, me levanto y ¡dios!, no estoy cansado. Llega el medio día y me como un hermoso pargo. No es que tuviera hambre, pero me lo como.


Yo creo que estoy sobrevitaminado. Píldora de complejo vitamínico por la mañana tomada con un zumo de naranja en el cual disuelvo una ampolla que será de hierro o más vitaminas, vete tú a saber, y cada tres o cuatro días mi médico/cirujano me mete otra ración en la vena disuelto en suero. Lo dicho, que me van a salir las vitaminas por las orejas. En teoría tenía que haberlo visto hoy, contesto esta mañana con voz de haberlo despertado, dejo de contestar y cuando lo hizo a mas de las once me dijo que fuera mañana. Me imagino que después de ver los análisis (doy por supuesto que están bien) y de ver que como y mis piernas ya aguantan el peso de mi cuerpo, me bajara la dosis. Habrá sido un tratamiento de choque.
Por cierto también me han dicho que en Paquera hay otra fisioterapeuta. No sé si ir a verla o esperar a que venga mi amigo el escocés que fue el que más derecho me dejó.
Ayer domingo. El que sea este día, al menos en la playa no es que sea un día especial. Mas o menos siempre estamos los mismos en las mesas, pero ayer todas estaban ocupadas, en especial la mía, sobre la que ya creo tener algún derecho. También es verdad que han vuelto a abrir Los Gitanos, que desde que volví es la tercera vez que lo han cerrado. Les digo que aquí también ha llegado la crisis y no me creen. Ven el mundo desde una perspectiva, que los que hemos sido sometidos al lavado de cerebro que podríamos llamar occidental, jamás lo veremos. Si no que se lo digan a Giovanni, que después de habérsele muerto Mari, haber ido a las bananeras del Atlántico, haberle dado una paliza con costuras en la cara, y todo para quitarle un celular, me lo cuenta como si fuera de lo más normal y que gracias a su dios, el está muy bien y encontrará trabajo, porque como este mes no pague la pensión de su hija ya va a la cárcel definitivamente (ya estuvo una noche y pagaron los padres).
Decía que las mesas estaban ocupadas, pero Marcos, me tenía reservado sitio en la que estaba. ¿Qué iba a ser de él sin los dos o tres cigarros que se fuma a mi costa? También se sienta con nosotros Verónica. Eduardo, después de saludarnos, pasa a la mesa supuestamente mía en la que estaba una familia con todos sus miembros incluyendo a la vieja, su comida sobre la misma y como no una buena botella de guaro. Eran dos los que tocaban la guitarra pero no es mucho tiempo el que tarda Eduardo en hacerse con ella.


Creo que escribí sobre Eduardo (¡maldito alzheimer!). Ingeniero Agrónomo, director de banco, aunque ahora vive del dinero que ha hecho Cristina, su mujer, pero lo que más me llama la atención sobre él es su desparpajo. Son muy pocas las veces que viene por la playa, pero cuando lo hace a mi me encanta hablar con él. A mí me llama español.
No es que la fiesta estuviera desanimada, pero él le dio otro ambiente y al ver que lo estaba fotografiando, no tardo en arrastrar de todos hacia la mesa en la que estábamos. Si eres español y sobre todo andaluz, estas condenado de por vida. Todo el mundo va a dar por supuesto que cantas muy bien y es lo que me pedían. ¡Yo!, que no soy capaz de cantar ni aquello de tengo una vaca lechera…


Lo cierto es que pasamos un rato muy agradable.


Se nos fue el Pichi y ahora tenemos gato.

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