Pesimismo, desesperanza y disminución de la motivación.


El tiempo, típico de otoño. Aún quedan hojas en los álamos blancos, aunque ya han caído las del nogal y las de la catalpa.
En estos últimos días, amanece nublado, aunque hay ratos que se deja ver el sol, rayos que salgo para aprovecharlos. Cuando esto escribo llueve parejo y ya es noche cerrada. En un claro les he echado su comida a los perros y ya la única faena que me queda es prepararme la cena. Maldita las ganas que tengo de comer.
Mi hijo lleva dos días en la ciudad, por lo que aparte de la compañía de los perros, estoy más solo que la una. Incluso Sole que suele aparecer dos veces al día para ver si necesito algo, también ha desaparecido.
No es que mi hijo sea un gran conversador, más bien todo lo contrario, pero cuando está aquí no para de hacer cosas y o bien viéndolo o echándole una mano, el tiempo pasa más rápido.
Me encuentro triste, tengo un descenso del estado de ánimo, pesimismo, desesperanza y disminución de la motivación.
Aunque a María la veo cada vez más difusa, sin embargo nadie puede imaginarse lo que echo de menos su compañía. Es una sensación extraña, es como si me faltara parte de mí. No termino de acostumbrarme a que se haya marchado. No le perdono que me haya dejado. No es egoísmo sino más bien me siento responsable de que lo haya hecho.
No es cuestión de soledad, ni tampoco de falta de amigos, es vacío del alma.
En Costa Rica cada vez que me despertaba y veía la luz que entraba por la ventana, me decía tengo un día más de vida, tengo que aprovecharlo. Cada mañana era una vida nueva por descubrir, todo lo contrario de ahora, me despierto y me digo otro día más.
El mundo sigue, pero espero que estas sensaciones me vayan cambiando, si no, no merecería la pena.

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El dinero ni se crea ni se destruye, únicamente desaparece


No estoy para pensar mucho, pero me sigue teniendo intrigado donde está el dinero. En la actualidad hay en el mundo casi un 50% más de dinero que al comienzo de la crisis. En el verano de 2008, circulaban por el planeta aproximadamente 3,6 billones de dólares (cambiadas todas las monedas a la divisa estadounidense). A día de hoy, se superan ampliamente los 5 billones.
Hoy he pensado en los paraísos fiscales y me he estado informando un poco sobre el tema.
No sé exactamente si está aquí y para qué, pero dejo alguna información que cuando el serrín que tengo por cerebro, me vaya desapareciendo, profundizaré.
Si tienes ganas y tiempo, en primer lugar escucha esto


O si prefieres pincha sobre la imagen que continúa, y léete la página web que se desplegará.


Si así fuera, que jugada estarán preparando a la hora de sacarlo.
¿Es una forma de acojonar a los países del llamado primer mundo, para que bajemos los costes de producción a los de China con todas las consecuencias?
¡Vamos, que eso del estado del bienestar se acabó!
¿Para qué coño alguien querrá tanto dinero?

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Estoy hasta el gorro (Más bien de otras cosas)


La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco, más bien creo que en este sistema, están haciendo perder la cabeza a la gente y nadie se da cuenta. Las putadas que nos hacen, se ven como normales cuando no lo son.
Noche cumplí a rajatabla, lo que me indico el anestesista: Me puse la barriga una inyección de Heparina, cena ligera a las nueve, a las diez enema y a las once dos pastillas de Ceprandal. ¡Ah!, también me duche, porque me lo decían las instrucciones (Recuerdo que el resto de los europeos nos tomaban por guarros, y ahora es el Servicio Andaluz de Salud)
Me levanto a las seis, no bebo ni gota de agua, mucho menos desayunar, y a las ocho en punto estoy en recepción del hospital. Me marcan como si de un borrego se tratara, me mandan a una sala de espera, donde estarían unas veinte personas, las van llamando a todas y quedo solo. Pienso que al igual que la segunda vez que me operaron, no quedarían camas. Cuando ya creí ni me iban a llamar, baja uno de los que también esperaba para urología, y que ya lo habían hecho subir, y me dice que suba a la cuarta porque hoy no operan a nadie.
Subo, me dicen que me pase por secretaria, la que sale me dice como muy extrañada que si el medico no había hablado conmigo, le digo que no, me dice que espere, y al rato sale el médico y me explica que esta noche habían tenido un trasplante de riñón y de que hoy no me operan. Cuatro camas vacías.
Me pregunto: ¿es que no hay más quirófanos?, ¿es que no hay más cirujanos? Ellos lo llevan y ellos lo entienden. El médico me dice que vuelva el lunes, lo corrige la secretaria y me dice que el martes, y una aventura para que me den las medicinas que me tengo que aplicar el día antes.
Iba muy tranquilo y con el cuerpo hecho a que hoy acabaría, y se prolonga la agonía otra semana más.
Lo dicho estoy hasta los cojones de la Seguridad Social, de la Justicia y de este país. En África pasan hambre pero al menos siempre están con la sonrisa en la boca.
Al menos espero que al pobre hombre que le han trasplantado el riñón le haya ido bien.


La puntilla: Cuando salía me encuentro con Erika, la cardióloga de planta que tanto cuidó a María y que tanta amistad hicieron. Nos damos un par de besos y me dice que nadie en la planta comprendía el por qué tuvo ese final. ¡Peor me lo has puesto hijita!

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